De monopolios, guerra y traición


Por Juan Pablo García Cisneros, Estudiante de Comunicación y cultura, UACM San Lorenzo Tezonco 
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En estos últimos días, en medio de episodios de propaganda fútil  y  delatadora, se ensalzan poderes potenciales; estos ataques recíprocos se dan mediante declaraciones,  afirmaciones  y sobre todo una potencial guerra sucia,  en poco tiempo se han manifestado   los medios  de comunicación masiva enardecidos por el poder. Este poder es un dominio absoluto en donde, por una parte, no cabe la opinión pública, es decir, el espacio que nos pertenece a todos  es considerado singular, no hay cabida para nadie más, por otra parte, la problemática es  vista desde una frontera  unidimensional, o bien, solo para acrecentar más la riqueza de los empresarios mexicanos.
 La historia de los monopolios en México es larga y ralla en lo nefasto, las truculentas leyendas y los múltiples relatos  que se forman alrededor de este país parten, regularmente,  de reaccionarios,  de rateros, de dictadores enmascarados de hombres de democracia, de opresores  llenos de arbitrariedad, de tecnócratas y sobre todo de tiranos.
Esta vez toca el caso de la lucha entre empresas multinacionales, toca el caso de una batalla  de monopolios llenos de oro y de culpas, llenos de mentes, es el episodio en donde las compañías  que enajenan, suministran y elaboran productos comunicativos se sumergen en una guerra deshonesta.  La lucha comienza desde hace muchos años atrás, cuando todos querían el espacio de las comunicaciones para establecer valores y creencias. El año de las olimpiadas (1968) marca la década de los grandes avances comunicativos en México, ahora todos nos ven a color, el mundo entero sabe de México, no por su revolución o por Octavio paz, si no por su lanzamiento hacia las “grandes ligas comunicacionales”.
Con el paso del tiempo esta disputa parece desaparecer,  se dispersa esta tentación de generar ganancia y multiplicar poder, en pocas palabras, se había creado el “monstruo” de las comunicaciones en México. Una vez estos acontecimientos  se llega a establecer uno de los monopolios más grandes y poderosos de todos los tiempos, corre el año de 1972 y comienza esta carrera  desenfrenada por mantener al “tanto” al pueblo mexicano, por atomizar de entretenimiento y diversión a los “jodidos”. En   palabras del famoso “tigre”  Emilio Azcárraga Milmo se dice que: “La televisión está hecha para los jodidos, los que no pueden divertirse de otra manera, no para los ricos como yo que tenemos muchas posibilidades ni para los que lean revistas de crítica política, sino para los jodidos, que no leen y que aguardan a que llegue el entretenimiento”.[1]
En pleno siglo XXI la familia Azcárraga junto con sus aliados Tv azteca, crean un bloque para establecer lazos de “ayuda”, el famoso “Teletón”,  los “movimientos aztecas”, y últimamente el gran fraude de “Iniciativa México”  son solo ejemplos de esta gran mentira, de esta gran simulación filantrópica. En este momento  el duopolio televisivo se encuentra inmerso en una las batallas más difíciles de su existencia, ni sus ofertas caritativas, ni sus demandas farsantes podrán salvarlos de un duro golpe a sus intereses. En México existen diversos temas de “gran interés”, en la calle, en las escuelas (aparentemente en la universidad no se tocan estos temas pero la realidad muestra algo diferente), en la oficina,  en el parque, la gente habla de las telenovelas, del futbol (me incluyo), de los programas de “chismes”, de entrega de premios, entre muchas banalidades mas. Gracias estos sucesos, no existe un espacio para la crítica, para la autocrítica; somos un país tan enajenado que nos volcamos por la línea de la “sabiduría” televisiva, por la senda del triunfo proyectado por los “portadores de la razón”, razón vista desde una perspectiva rapaz,  ambigua y seductora.



A lo largo de los años el gobierno mexicano ha cedido concesiones y “regalos” a los grandes empresarios, ha lanzado licitaciones a un costo muy bajo, a ofertado espacios que nos pertenecen a todos; esta vez se salió de las manos, “el regalo tenia sorpresa” y exploto en medio de declaraciones, pugnas y reproches.
Suena irreal que en un país en donde existen millones de pobres, exista un mexicano que sea uno de los más ricos del mundo. Por cada segundo que pasa Carlos Slim Helú incrementa su riqueza, mientras se suscita el efecto mariposa él genera más dinero que lo tienen ocho millones de familias mexicanas. Este hombre, junto con sus monopolios, es el principal actor en esta batalla por la red comunicacional, sus inversiones suenan y retumban en las televisoras mexicanas, su publicidad que antes dejaba millones de pesos a favor del duopolio deja a su paso lágrimas de dolencia, muestras de impotencia.
En vista de esta riña entre gigantes monopólicos y en donde la opinión publica queda de lado, es menester concentrarnos en que  el aire es gratis,  no tiene o no debería tener cargo alguno, por consiguiente es de todas y todos;  el espectro comunicacional es inherente  al ser humano. Históricamente, desde el principio de la historia, el hombre  tuvo la necesidad de comunicarse para establecer las sociedades, para establecer acuerdos, para formar sensibilidades mejores que llenaran a todos los seres humanos en todos los sentidos.  Existe una necesidad básica entre los sujetos y esta parte del sentido de comunicación,  del intercambio de significados, de la negociación de símbolos,  los medios masivos (duopolio televisivo)  destrozan   este principio básico y mantienen una gran lentitud entre los humanos.

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